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Abuso y dependencia en el consumo de sustancias psicoactivas
Domingo Gorricho Miguel
Comisión de Psicología Clínica y de la Salud del Colegio Oficial de Psicólogos de La Rioja
Mantenido en el tiempo el abuso se puede convertir en dependencia
Es poco novedoso señalar que la sociedad tiene especiales dificultades para definir qué tipo de relación quiere establecer con aquellas sustancias que al consumirlas provocan en la persona efectos psicoactivos.
No sólo tiene dificultades para establecer si las sustancias pueden ser legales (alcohol, nicotina) o ilegales (heroína, cocaína), sino si además, pueden pasar de ser ilegales a legales (cannabis).
O si existen sustancias duras por contraposición a otras más blandas.
O si sólo es dura o blanda la frecuencia, cantidad o duración de su consumo.
O donde incluir aquellas sustancias consideradas de consumo legal bajo prescripción médica (píldoras para dormir, ansiolíticos).
Como quiera que todo esto sea, lo que sí parece claro es que las sustancias con una alta capacidad para provocar efectos psicoactivos están aquí para quedarse.
Quizás no sea la misma sustancia durante todo el tiempo para el mismo fin, pero si todo el tiempo con alguna sustancia. Que además de poseer un efecto psicoactivo puede favorecer el desarrollo de dependencia debido a su consumo abusivo.
En este sentido, y siguiendo la clasificación oficial de la Asociación Psiquiatra Americana de gran influencia en el ámbito clínico y sanitario, se entiende que existe un consumo abusivo cuando el uso habitual de la sustancia conlleva problemas personales que conducen a un incumplimiento con los compromisos establecidos en el trabajo, estudios, familia o pareja.
Pero aunque este incumplimiento no se diese de manera clara, también se entiende que se está abusando si la sustancia es consumida habitualmente en situaciones donde resulta peligroso hacerlo (como es el caso de la conducción de un vehículo o en el manejo de máquinas peligrosas).
Así, si este consumo es mantenido en el tiempo, el abuso puede convertirse en dependencia. Y ahora ya se trata de un estado de malestar psicológico o fisiológico en el que se manifiestan los siguientes síntomas:
a) tolerancia, entendida como la necesidad de consumir mayores cantidades de una sustancia para alcanzar el efecto deseado. O también a la inversa, la disminución del efecto deseado cuando se consume la misma cantidad de sustancia;
b) reacciones adversas, psicológicas y fisiológicas, que aparecen tras la interrupción brusca del consumo de la sustancia (síndrome de abstinencia);
c) consumir la sustancia a menudo en mayor cantidad o durante períodos más largos de tiempo de los que se tenía intención de hacerlo;
d) realizar esfuerzos sin éxito por disminuir o controlar su consumo; y
e) continuar consumiendo a pesar de los problemas (físicos, psicológicos, familiares, laborales, legales) que genera.
Aunque en última instancia es el profesional quién, ante una situación concreta, diagnostica dependencia a una sustancia, los síntomas señalados sirven como aviso para cuando el consumo frecuente de una sustancia (desde alcohol a cocaína, desde heroína a somníferos) que comienza a generar problemas (abuso) está evolucionando hacia una dependencia. El tratamiento de este trastorno exige, entre otros, un importante compromiso por parte del paciente. |