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ARTÍCULOS DE INTERÉS

COSAS A TENER EN CUENTA PARA SOBREVIVIR EN PAREJA

Por Pedro María Beraza Ruiz
Psicólogo. Terapeuta Familiar y de Pareja


Somos fruto de una pareja. Nosotros mismos, seguramente vivimos en pareja. Estamos rodeados de parejas. Resulta asombroso, por tanto, la dificultad que nos encontramos para hablar de la "pareja" y de "lo que significa" para cada uno de nosotros, como miembros de una de ellas.

Antes de intentar una aproximación, necesito aclarar dos conceptos:
En primer lugar, en nuestra cultura, la ideología de la "autonomía" confundida con la "separación", ha creado equívocos al tratar sobre la pareja y problemas a sus miembros en la convivencia diaria.

Todos nacemos en el seno de una familia, y pasamos por una fase vital de relación fusional con nuestra madre, de la que nos hemos de ir separando en la medida que aumenta nuestra capacidad de autonomía. Pero las fases posteriores de desarrollo que nos llevan a la socialización son muy diferentes. La separación de la familia no se corresponde, ni mucho menos, con una progresiva autonomía sino con un acercamiento al grupo de la misma edad, que sirve de guía en la forma de vestir y de hablar, e incluso en la forma de pensar. Puede parecer paradójico que la necesidad de autonomía se traduzca en un deseo de dependencia de otros grupos, pero en la realidad, nuestra identidad personal, nuestra existencia se constituye en el punto de encuentro de esas dependencias de los grupos de los que formamos parte, como son la familia, los grupos confesionales, políticos, profesionales, los círculos de amistades…. , sin olvidar al más pequeño de los grupos humanos puesto que sólo consta de dos miembros: la pareja. Nuestra autonomía se mide por la capacidad de gestionar las diversas relaciones que establecemos con los diversos grupos a los que pertenecemos.

En segundo lugar tendremos que preguntarnos qué es una pareja. Muchos son los que hoy en día utilizan la palabra "relación" para explicarlo. Pero en la actualidad, cada hijo/a de vecino puede, con relativa facilidad, entablar una o varias "relaciones", que a poco que se tomen ciertas precauciones pueden aportarnos todo tipo de satisfacciones, tanto sentimentales como sexuales, sin tener que soportar el peso de un compromiso o de una responsabilidad cualquiera con respecto a su o sus acompañantes. La pareja tiene una dimensión que la distingue de una simple relación. Por una parte, al constituirse en pareja, está el reconocimiento familiar y social, pero por otra parte, al contarse los miembros de la misma que son una pareja, ésta se institucionaliza, se crea una célula viva que no es la simple suma de sus miembros, y que se basa en la convicción ideal, pero convertida en recíproca por el trabajo de la mutua seducción, de una diferencia compartida, de una comunidad de opinión, y esto a espaldas de los otros, de todos aquellos que no pertenecen a este pequeño grupo, a este club exclusivo de nueva creación, y que en adelante va a forjar una idea de sí mismos como miembros de la pareja.

Si dos personas deciden salir de la simple relación para formar una pareja, es porque se ha idealizado de alguna forma su encuentro ( v.g.: el destino hizo que nos encontráramos) y se han convecino de que forman una pareja, que les hace pensar que es única, diferente a todas las demás. Con el tiempo, este mundo va enriqueciéndose: aventuras comunes, incidentes, duelos o alegrías compartidas... , son el soporte para la elaboración de su propia historia. Se instaura igualmente un lenguaje íntimo compuesto por toda una serie de gestos, miradas, "diminutivos", bromas de uso estrictamente privado, opaco e incomprensible hasta para los amigos más cercanos..., cuya finalidad es reforzar el sentimiento de pertenencia a este club privado que es su "pareja" y hacer creer a cada uno de sus miembros que comparten la misma "fe" en ella.

Todo esto, crea la complicidad de los dos miembros, provocando su buen entendimiento y la satisfacción personal en torno a lo íntimo de su acuerdo.

Después de su nacimiento, la pareja necesita algunos elementos para existir. En primer lugar elementos que le sean propios: creencias compartidas y formas de relacionarse que la hacen "única" y que constituyen el fermento de su intimidad. Pero también necesita elementos que le son externos: la familia, los amigos, el ámbito profesional, la sociedad, en resumen el mundo exterior, le conceden reconocimiento, refuerzan el sentimiento de pertenencia de sus dos miembros y la propia valoración de este exclusivo club creado. Los pilares de la pareja se apoyan en la gestión lo más equilibrada posible entre su intimidad y las normas externas.

La pareja necesita estar inscrita en lo "real", estar reconocida por el mundo exterior. Pero este factor de reconocimiento funciona mientras la pareja se someta a unas normas de conducta social, sexual, de administración económica, de vivienda etc., que por lo demás, pueden cambiar con el tiempo, como es el caso actualmente de las parejas homosexuales, y toda la controversia social de su aceptación y reconocimiento legal.

En nuestros días, aunque el número de separaciones va en aumento, esto no debe equivocarnos. Dicha estadística no indica que la pareja está en crisis; al contrario, denota con fuerza todo lo que esperamos de la pareja: seguridad afectiva, seguridad material, satisfacciones sexuales, intelectuales, etc., y que como miembros de las mismas no nos resignamos a no alcanzar, porque la "pareja" es un factor importante de la estructuración de nuestra identidad como personas.

La pareja se ha convertido en un recurso, a veces excepcional, para la estructuración de la identidad de cada uno de sus miembros al ocupar el lugar de la familia, incierto, y del ámbito profesional, aleatorio y que en la mayoría de las ocasiones no nos identifica con la labor desempeñada.

La pareja está seguramente idealizada en nuestros días, esperamos mucho de ella. Pero ser el grupo privilegiado y recurso fundamental para la estructuración de nuestra propia identidad, trae consigo un alto nivel de exigencia que, a lo largo de su existencia, nos hace enfrentarnos a diversas problemáticas, ya sea con relación a su intimidad o a las normas del mundo exterior donde la pareja tiene que crearse y desarrollarse.

Si tenemos en cuenta lo íntimo de la pareja nos encontramos que entre los enemigos más temibles se encuentran la erosión del tiempo, las costumbres, la vida cotidiana, la pérdida de deseo, la pérdida de creencia en la pareja, los engaños. Cuando la forma de relacionarse se convierte en costumbre y las creencias sobre la pareja en evidencias como todas las demás, la pareja se convierte en una unidad funcional sin alma, que se preserva por comodidad, por razones económicas o porque hay hijos de por medio.

Si tenemos en cuenta las normas sociales y familiares nos encontramos con dificultades que pueden vivirse de forma muy dolorosa cuando se trata de ser reconocidos como pareja por las respectivas familias o por el medio social en que se mueven. Estos problemas atañen a parejas mixtas (diferente religión,etc.,), a parejas que presentan diferencias de edad considerables, a parejas homosexuales, y más ampliamente a las parejas con un social o un nivel cultural o profesional diferentes. Actualmente, las parejas reconstituidas gracias a un nuevo casamiento de uno u otro, o incluso de los dos miembros, tampoco están a salvo de la falta de reconocimiento por parte de sus familias, que con otra forma de ver la realidad no admiten, a veces, la nueva relación.

Solo es posible crear y hacer vivir a una pareja a costa de un gran compromiso por parte de cada uno de sus miembros, que aceptan sacrificar su libertad sexual, compartir su espacio de intimidad y conjugar sus aspiraciones personales. En todos los casos, las diversas situaciones vividas por la pareja a lo largo de su existencia la obligarán a reajustar la relación entre su intimidad que la hace diferente y única y las normas sociales y familiares que intentan ajustarla a la idea de pareja que predomina y es valorada en esta sociedad. Esto requiere inventar soluciones adecuadas.

Como dice mi amiga Norma: " La vida no es un largo río tranquilo, sino más bien una aventura intrépida que requiere mucho valor, un poco de paciencia y una cierta dosis de creatividad".

 

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