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ARTÍCULOS DE INTERÉS

LOS MIEDOS INFANTILES

Nuria Martínez. Montiel.
Colegio Oficial de Psicólogos. Comisión de psicología clínica y de la salud

El miedo constituye un primitivo sistema de alarma que tiene como objetivo protegernos de diferentes peligros potenciales. A lo largo del desarrollo infantil normal van apareciendo numerosos miedos, habitualmente pasajeros, que les permiten ir desarrollando estrategias nuevas de adaptación a su entorno. Los miedos infantiles por tanto son una parte normal y necesaria para el desarrollo psicológico de los niños.

Los temores infantiles varían según el niño y las situaciones en que vive, pero, en general, la mayoría de los miedos son universales (oscuridad, desconocidos, animales, seres sobrenaturales, separación de los padres...). Empiezan antes del primer año de vida y su mayor incidencia ocurre entre los 4 y los 6 años de edad. Alrededor de los 9 años, los niños siguen teniendo miedos pero a la vez se sienten atraídos por ellos. Es por eso, que a estas edades les pueden fascinar los libros de aventuras o las películas de miedo en un grado aceptable para ellos. Esto también se puede manifestar en los juegos, pudiendo sentirse atraídos por juegos en grupo en los que sienten cierto riesgo y temor.

La diferencia fundamental entre los miedos evolutivos normales y los patológicos sería que, estos últimos interfieren de modo importante en el funcionamiento de los niños en algún área vital básica (familia, amigos, colegio...) al impedirles explorar el entorno adecuadamente y disminuir así sus experiencias y sus aprendizajes. Así, por ejemplo, un niño al que el miedo ante la separación de sus padres fuera tal que le impidiera, después de un tiempo razonable, estar en el colegio tranquilo y confiado, mostrándose por el contrario, inhibido y con tendencia a estar aislado, tiene menos oportunidades para el desarrollo de habilidades sociales, motrices, lingüísticas, de aprendizaje, etc... lo que no es beneficioso para su desarrollo psicológico.

¿Qué deben hacer los padres para sus hijos afronten y superen sus miedos?

- Lo más eficaz es mantener una actitud de serenidad y firmeza, evitando tanto sobreproteger como abandonar a los niños ante sus miedos ya que en cualquiera de los dos extremos lo más probable es que los miedos aumenten.

- Es bueno que los padres puedan poner ejemplos de miedos que ellos mismos hayan tenido de pequeños y de cómo los superaron. También se puede recurrir a cuentos que hay en el mercado sobre distintos miedos y cómo los protagonistas se enfrentan a ellos, así como a miedos que los niños hayan tenido de más pequeños y ya hayan superado.

- No reírse de los miedos. No ridiculizar, amenazar, asustar aun más ni castigar a los niños por sus miedos. No sólo no les ayuda sino que puede ser contraproducente.

- Hay que animarles a que se enfrenten a las situaciones temidas mostrándoles satisfacción por sus logros y haciendo que se enorgullezcan de ellos.

- Hay que ayudarles a distinguir el sentimiento de miedo de la existencia de un peligro real explicándoles esta diferencia. La repetición de estas explicaciones va a permitirles poco a poco ir haciendo suyos estos argumentos de modo que puedan decírselos a sí mismos cuando tenga que enfrentarse a miedos en ausencia de sus padres.

- En caso de que alguno de los padres tenga el mismo miedo que el niño (tormentas, animales...) se recomienda no negarlo si lo pregunta e intentar servirle de modelo de afrontamiento.

- Evitar que los niños vean películas o programas con contenidos o imágenes reales muy dramáticas o atemorizantes.

En caso de que los miedos sean desproporcionados, persistentes, comiencen a entorpecer la vida cotidiana o el normal desarrollo de un niño, y las soluciones intentadas por los padres no den el resultado esperado, se hace necesario consultar con un especialista.

 

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