HIELO
María Luisa Velasco Junquera
Área de Psicología e Igualdad de Género. Colegio de Psicólogos de La Rioja
La violencia contra la mujer se representa a menudo recurriendo a la metáfora de un iceberg, haciendo referencia a que la mayor parte de los casos de violencia sexista no son ni social ni institucionalmente visibles, de modo que una buena parte de ellos quedan bajo la línea de flotación de su propio silencio y el del entorno social que los rodea.
La punta del iceberg lo constituyen las 57 mujeres asesinadas y 6 niños y niñas menores en lo que va de año y las 29.835 denuncias hasta junio, 177 de las cuales corresponden a La Rioja. Debajo se ocultan, sumergidas, casi el 10% de las mujeres españolas de más de 18 años, consideradas técnicamente maltratadas, entre ellas, algo más del 7% de las riojanas. Son las mujeres que callan por miedo, las que piden ayuda y no quieren denunciar, las que esperan a separarse cuando encuentren el mejor momento para sus hijos y sus hijas o las que tras promesas de amor y cambios o chantaje retiran la denuncia. Y tal y como nos ha sido revelado este verano por la prensa, está a punto de emerger ese grupo de mujeres que requirieron asistencia médica para salvar su vida tras un intento de suicidio asociado a maltrato.
Desde distintos sectores de la sociedad se hace un llamamiento urgente a la acción para acabar con esta lacra social y la Psicología no ha sido ajena a ese compromiso que ha culminado con la reciente formación del Área de Psicología e Igualdad de Género del Colegio de Psicólogos.
Tradicionalmente ha sido desde la Psicología Clínica desde donde más se ha trabajado por ayudar a las mujeres víctimas de la violencia sexista, tanto en las formas de agresión sexual como maltrato de pareja, de forma que hoy podemos afirmar que contamos con tratamientos psicológicos cada vez más eficaces para ayudar a las mujeres a superar las secuelas de la violencia y facilitarles que puedan tomar las riendas de su vida. Tampoco la Psicología ha olvidado a los hombres que ejercen violencia en la pareja, considerando que el enfoque exclusivamente judicial puede ser insuficiente y se hacía necesario un tratamiento ajustado a las necesidades de cada persona. Actualmente, profesionales de la psicología junto a psiquiatras y especialistas forenses, contando además con representantes de las asociaciones de mujeres trabajan para establecer criterios de calidad en el tratamiento de estos hombres.
Pero las aportaciones más interesantes desde mi punto de vista provienen de la Psicología Social y otras Ciencias Sociales, por el esfuerzo desarrollado en estudiar el fenómeno de la violencia contra la mujer e indagar en sus causas y consecuencias. Las investigaciones nos remiten a la necesidad de cambio de actitudes respecto a la consideración de la mujer y sobre su determinación de ser dueñas de su propio destino, y hacen hincapié en la dificultad de determinados hombres de aceptar los cambios en la estructura familiar y social. Además ponen de manifiesto la legitimación que a menudo se confiere a la violencia como forma de resolver conflictos y destacan la necesidad de revisar las ideas tradicionales del amor romántico.
En definitiva, desde la Psicología Social nos implican a todas las personas, a los hombres y a las mujeres, incitándonos a que cada cual asumamos la responsabilidad que nos compete para lograr templar las aguas que favorezcan progresivamente el deshielo.
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