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ARTÍCULOS DE INTERÉS

¿FOBIA ESCOLAR ?

Por Pedro Bella Pérez
Colegiado: R0030

La palabra fobia nos remite inmediatamente al concepto de “miedo”, y a los trastornos de ansiedad.

El miedo surge al sentirnos en peligro, sea real o no la amenaza. Sirve para alertarnos respecto a posibles peligros; y de ahí que, el miedo, pase a desempeñar un papel primordial en la preservación del individuo y la especie.

Por ello, la mayoría de los niños experimentan muchos miedos leves transitorios y asociados a una determinada edad; que irán superando en su proceso de crecimiento y autonomía.

Las fobias, por el contrario, son miedos desproporcionados, no son específicos de una edad, son de larga duración, están más allá del control voluntario e interfieren en la vida cotidiana.

La fobia escolar sería una de las más frecuentes en la infancia y adolescencia. Y hace referencia al rechazo prologado que se experimenta a acudir a la escuela por algún tipo de miedo relacionado con la situación escolar.

Esta dificultad puede ocurrir en cualquier edad, incluso fuera de los estudios obligatorios. Quizás sea más frecuente sobre todo en el momento del ingreso escolar, y en la preadolescencia y adolescencia, de 11 a 13 años, aumentando su probabilidad al inicio de la Enseñanza secundaria.

En los niños pequeños el comienzo suele ser repentino; mientras que en los mayores aparece de forma gradual, pasando por una fase de quejas y desgana mas acusados tras periodos más o menos largos de no acudir al colegio (lunes, vacaciones, enfermedades…), hasta llegar a negarse a acudir al centro, así como realizar las conductas previas: levantarse, lavarse, vestirse, desayunar…

Las respuestas de ansiedad características pueden ser:

En el ámbito motor: negarse a ir a la escuela, escaparse de ella, o total inhibición. Quejas de dolores y enfermedades, conductas negativistas (no se viste, lava…), en los niños más pequeños, si se les fuerza, lloran, gritan, tiemblan, se aferran padres…
En el ámbito fisiológico: Incremento de síntomas físicos de ansiedad: sudoración, tensión muscular, taquicardias, sensación mareo, malestar estomacal, vómitos, diarreas, dolor de cabeza, trastornos de la alimentación y/o sueño…
En el ámbito cognitivo: Pensamientos o imágenes negativas sobre situaciones escolares: miedo a ser ridiculizado por compañeros, a ser reñido por profesorado, autoevaluación negativa de sus capacidades…
Esta fobia se adquiere a través de experiencias desagradables vividas directamente, o por la observación de experiencias de otros en situaciones escolares. Y dicha adquisición puede facilitarse por sucesos estresantes, bien a nivel escolar, familiar, y/o personal, como: cambio escuela, temor a compañeros o profesores, cambio de ciclo, problemas en la relación de los padres, enfermedades prolongadas, ciertas características de los padres (existencia de trastornos de ansiedad o depresión, que dificultan el aprendizaje de estrategias adecuadas de afrontamiento por parte del niño), y del propio niño…
La respuesta fóbica se mantiene y persiste por el beneficio obtenido al evitar el objeto temido: la escuela, y la reducción de responsabilidades escolares, así como atención recibida y realización de actividades agradables sustitutorias de las temidas.
El objetivo principal del tratamiento será que el sujeto vuelva cuanto antes a ir a la escuela.
Tenemos que diferenciarla de la angustia de separación del niño pequeño llevado al colegio por primera vez, cuya reacción de rechazo suele ser transitoria; de la “angustia de separación” donde las respuestas de ansiedad aparecen ante cualquier tipo de separación de los cuidadores, mientras que en la fobia escolar sólo ocurre al separarse para ir al colegio; de los “novillos”, donde el rechazo escolar no se acompaña de la ansiedad propia de las fobias.
El riesgo de este trastorno está en el abandono escolar o su influencia y condicionamiento en el mismo, así como en el deterioro de su adaptación social.
En el caso de la ocurrencia de una fobia escolar, como ocurre en tantas otras dificultades que nos llevan a buscar la ayuda del profesional de la psicología, estamos ante una buena oportunidad para dotar al sujeto de recursos que le permitan afrontar y manejar las distintas situaciones y estresares que irán apareciendo en su devenir personal, y gerenciar de forma adecuada sus niveles de ansiedad ante los mismos; evitando o dificultando la futura aparición de trastornos emocionales o trastornos de ansiedad inespecíficos. A la vez que nos invita a detectar configuraciones estimulares actuales influyentes sobre el sujeto y sobre las que sea necesario intervenir para modificarlas bien sea a nivel familiar, escolar, social o personal.

 

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