CRISTAL
María Luisa Velasco Junquera
Área de Psicología e Igualdad de Género. Colegio de Psicólogos de La Rioja
A menudo escuchamos a nuestro alrededor a mujeres que afirman no haberse sentido discriminadas, que han estudiado la carrera que deseaban, que realizan el trabajo para el que se formaron y que han promocionado según su capacidad, consiguiendo sin mayores obstáculos que sus compañeros los puestos a los que aspiraron, en algunos casos cargos importantes en cuanto a poder económico, político, o de reconocimiento social. También aseguran que han sido tratadas en su familia en las mismas condiciones que sus hermanos si los tuvieron, y que educan a sus hijos con los mismos criterios que a sus hijas. Y aunque en el tema de reparto de responsabilidades familiares no hay tanto consenso, en general se muestran capaces de conciliar la vida familiar y laboral, bien gracias a su pareja si la tienen, o en muchos casos contando con otros recursos, normalmente otras mujeres. Además, demuestran que cuando se han planteado la participación social o política, han sido bienvenidas por sus colegas varones y han conseguido cargos de responsabilidad y poder sin trabas especiales por ser mujeres.
Sin duda estas mujeres son unas privilegiadas y por el mero hecho de estar donde estén favorecen a todas las mujeres, ya que contribuyen a modificar prejuicios sociales sobre las carencias de las aptitudes y de las actitudes de las mujeres, consiguiendo así una valoración simbólica del género femenino que repercute en la mejora de la autoestima de todas.
Pero la mayoría de las mujeres se encuentran con una barrera invisible en un momento determinado de su desarrollo profesional, de modo que una vez llegadas a este punto, muy pocas mujeres pueden franquear dicha barrera, estancando la mayoría su carrera profesional. A esta superficie superior invisible y difícil de traspasar se le conoce con el concepto de techo de cristal. Las causas de este estancamiento provienen en su mayor parte de los prejuicios empresariales sobre la capacidad de las mujeres para desempeñar puestos de responsabilidad, así como sobre su disponibilidad laboral ligada a la maternidad y a las responsabilidades familiares y domésticas, actividades que suelen coincidir con las fases de itinerario profesional con posibilidades de promoción. También se suele conocer como “suelo pegajoso”, que agrupa las fuerzas que mantienen a tantas mujeres atrapadas en la base de la pirámide económica. Ese famoso techo de cristal que impide a las mujeres alcanzar las metas profesionales para las que están preparadas parece invisible, pero las estadísticas demuestran que existe y tiene como resultado la no existencia de mujeres en los vértices jerárquicos de las organizaciones. Aunque algunas investigaciones ponen de manifiesto que no hay que echar toda la culpa al techo de cristal, y hablan de la existencia de un “techo de cemento” autoimpuesto por las mujeres por elecciones personales, tales como rechazar la promoción a puestos directivos más rígidos y exigentes.
La investigación psicológica demuestra que, en términos comparativos, mujeres y varones tienen en común más similitudes que rasgos diferenciales y que las diferencias entre una mujer y otra pueden llegar a ser tan grandes como las que se dan entre un varón y una mujer; incluso una misma persona, en función del contexto situacional en el que se desenvuelva, puede mostrarse muy diferente. Desde la Psicología Diferencial, la conclusión general a la que puede llegarse es que no hay diferencias entre hombres y mujeres en capacidades, motivaciones y rasgos generales de personalidad o en comportamientos y actitudes específicas: una mujer puede ser igual de ambiciosa que un hombre, tener semejante motivación de poder, capacidad de empatía, habilidades comunicativas o competencias directivas, y un hombre puede ser igualmente inteligente, capaz de esforzarse o de comprometerse y rendir como una mujer.
Pero considerando las aportaciones de la Psicología Social que ponen de manifiesto que, por regla general, en situaciones públicas en las que la persona se sabe observada, tendemos a manifestar comportamientos más acordes con las prescripciones sociales de género (las mujeres nos hacemos más femeninas y los hombres más masculinos), la Psicología de las Organizaciones pone de manifiesto que la mujer puede ayudar a implantar una visión de la empresa verdaderamente humanista, basada en sus capacidades emocionales, y mucho más acorde con lo que exigen los tiempos que corren. La sociedad no debe perderse lo que las mujeres aportan como valor ni los entornos organizacionales desaprovechar la aplicación de determinadas características femeninas ante los requerimientos actuales.
Y volviendo a la persona, mientras las mujeres se despegan de suelos pegajosos, quitan o ponen ladrillos en techos de cemento y chocan o rompen techos de cristal, ¿qué hacen los hombres? |