LA AVENTURA DE EDUCAR
Santiago Bañuelos Martínez
Vocalía de Psicología Clínica y de la Salud del Colegio Oficial de Psicólogos de La Rioja
Padres e hijos (relaciones a veces difíciles), adolescencia (tiempo tan proclive a conflictos), fracaso escolar... La decisión de tener un hijo no es algo que debamos hacer a la ligera: Implica responsabilidad y un compromiso que se debe renovar día a día.
Hasta hace poco tiempo, la educación estaba basada en la adquisición de normas y conocimientos; hoy, cada vez son más valoradas la motivación, la adquisición de habilidades emocionales y la libertad responsable de cada uno.
Los niños, en sus primeros años, necesitan verse rodeados de adultos que, no sólo respondan a sus necesidades más básicas, sino que sean capaces de proporcionarles estímulos emocionales o mentales.
Un niño mimado no es aquel por quien se hace demasiado: nunca se hace demasiado por un niño. Mimado es el niño a quien no se le exige, y será incapaz de soportar la frustración y el fracaso. La sobreprotección es algo que debemos evitar dando oportunidades y ofreciendo la autonomía oportuna.
Negativo el extremo de la excesiva severidad. Debemos educar a nuestros hijos con autoridad pero sin autoritarismo. Reforzar sus éxitos o sus aproximaciones al éxito, pero no criticar por norma. Exigirles según su momento evolutivo y siendo realistas con nuestras expectativas, no queriendo hacer de ellos lo que no son, dejándoles la oportunidad de crecer sin querer proyectar en ellos una imagen irreal o utópica.
Los hijos necesitan límites precisos y unas normas morales que les ayuden a orientarse en la vida y a definirse como personas. Los padres no sólo tienen el derecho, sino también el deber de enseñar a los hijos cuáles son los límites que les van a permitir madurar. Un buen padre deberá ser un modelo positivo, alguien a quien uno respeta y al que desearía parecerse: El cerebro del hijo absorbe todo lo que los padres hacen y dicen.
La prevención de trastornos conductuales y afectivos detectados de forma temprana en el proceso evolutivo es uno de los objetivos claves enfocados a la salud mental infanto-juvenil.
La novedad de ser padres, con el desconocimiento que muchas veces lleva inherente; la familia ante los diversos cambios evolutivos de los hijos (la edad preescolar, la adaptación al colegio, las primeras relaciones con iguales, la adolescencia, el abandono del núcleo familiar -“síndrome del nido vacío”-...); la familia después de la jubilación (buen momento para demostrar que se sigue estando ahí y que, si llega el turno de ser abuelos, la educación que éstos imparten será también de suma importancia en el desarrollo de la educación de los nietos)...: Son situaciones necesitadas de formación para afrontarlas con éxito.
La consciencia del poder de modelado de padres, profesores, ambiente...; entrenar en habilidades positivas; reconocer errores y aciertos, logros y éxitos, dejando claro que no todos los comportamientos merecen aprobación y estima (buscando, eso sí, la mejor manera de expresarlo); permitir que los hijos se sientan escuchados y comprendidos, que sientan que pueden confiar y dialogar con los padres (que no necesiten buscar fuera el cariño que es necesario proporcionarles en casa)...: Son presupuestos para abordar equilibradamente la tarea de la educación.
Amar exige creer y esperar siempre en el ser amado: aceptarlo, comprenderlo, protegerlo, dejando libertad e iniciativa según la edad, a pesar de riesgos. La educación es un arte, exige clarividencia y tacto. Educar es obra de optimismo y de paciencia. No existe método que suprima el esfuerzo. Estamos educando, desde el primer día de su vida, a los hombres y mujeres del mañana, bonito y complicado reto por el que vale la pena entusiasmarse.
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