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LA ANSIEDAD ES LA EXCITACIÓN EN LA FRONTERA
Carmen Díez Saíz
Comisión de Psicología Clínica del Colegio Oficial de Psicólogos de La Rioja.
Es curioso ver como los usos del lenguaje evolucionan y como muchas veces se van tecnificando incluso en el ámbito popular. Uno de los ejemplos es como los famosos “nervios” que todos padecemos en determinadas situaciones, y que muchos asumen como parte de su personalidad, se han transformado en “ansiedad”.
¿Pero qué es eso de la ansiedad? Porque puede parecer un cajón desastre en el que metemos diferentes manifestaciones que a primera vista no tienen nada en común. Aveces la ansiedad se presenta de forma muy espectacular con los famosos ataques de pánico en los que se puede terminar en urgencias confundiendo lo que nos sucede con un infarto. Otras veces puede aparecer como una fobia específica a determinados estímulos que van desde los espacios cerrados (ascensores, autobuses, centros comerciales...), a los espacios abiertos,a determinadas situaciones sociales... También se encuadra dentro de la ansiedad el ya conocido TOC o Trastorno obsesivo-compulsivo. Ni que decir tiene, que la ansiedad también se presenta ante situaciones conflictivas o traumáticas, en las que por otro lado, al estar justificada, no la llevamos tan mal ni por ello nos juzgamos “enfermos”.
Sin ahondar demasiado en las tipologías de la ansiedad, algo que tienen en común todas estas manifestaciones ansiosas es la excitación, una excitación interna que de alguna manera no tiene su expresión externa por el cauce adecuado.
Si nos imaginamos como individuos sanos que vamos buscando nuestros ajustes para sobrevivir en el entorno y que siempre vamos a encontrar la mejor forma de hacerlo... ¿Qué de saludable tendría la aparición de estos síntomas tan incómodos para nosotros? ¿De qué le puede servir a alguien por ejemplo, que cada vez que se ve ante su pareja soñada comenzar a sentirse fatal y no poder hablar a la vez siente que le empiezan a sudar las manos? O ¿Qué significa que alguien esté en casa viendo la tele y no pueda parar de visitar la nevera?
Si lo intentamos ver de otra manera y nos fijamos un poco mas en nosotros mismos, probablemente tengamos una respuesta. Esta respuesta no tiene porqué ser la solución inmediata a la ansiedad, pero si nos puede dar una pista de por donde podemos continuar. Si alguien está intentando entablar una nueva relación, no resulta nada extraño pensar que estará excitado con una gran necesidad de gustar al otro y que desee que sea recíproco el sentimiento. Si gracias a todo lo que nos han contado y nos hemos contado a nosotros mismos sobre la pareja, el cómo se hacen bien las cosas, el que si no le gusto es un fracaso..., sentimos miedo, parece que la consecuencia lógica es querer huir, y si estamos internamente con miedo y huyendo... Parece que hay una lucha entre el irse y el quedarse, a este lío emocional se le llama ansiedad. Si encima nos sudan las manos como reacción fisica a lo que nos sucede el círculo vicioso en el que nos hemos metido se hace más intenso porque aparece la culpabilidad, el miedo a ser repulsivo en vez de atractivo al otro... Lo que intensifica la reacción.
Es curioso pero la única salida es quedarse, hacerse consciente de uno mismo y de sus síntomas y quedarse. Quedarse corriendo los riesgos que sean necesarios. Quedarse siendo capaz de vivir el no del otro, que por otro lado puede serun si, la única forma que tenemos de saberlo es quedándonos a ver. Nuestro aprendizaje sobre nosotros mismos debe llevarnos no a que todo nos salga bien a la primera, sino a vernos como niños que tienen que aprender a sentirse, a vivirse y a vivir... también la ansiedad.
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